A ostias por Maribel

La prostitución es el segundo negocio ilegal más rentable en el mundo y lo es porque a la gente le encanta el sexo. Somos animales y nos domina nuestro instinto reproductor y, aunque no a todos los hombres nos gusta ir de putas, estoy seguro de que todos alguna vez hemos perdido la cabeza por alguna mujer.

Mi primo Iván era un adolescente conflictivo. Sus padres se divorciaron cuando él era pequeño y no lo pasó bien. Se quedó a cargo de su padre y este trabajaba mucho así que Iván pasaba mucho tiempo en mi casa conmigo. Pronto empezó a rebelarse tanto en el colegio como en casa y aunque se sacó el graduado no volvió a prestar mucha atención a los estudios, siendo expulsado de al menos tres institutos. No completó ni un curso entero en ninguno de los tres. En la calle se juntaba con kinkis barriobajeros y empezó a probar drogas desde muy pequeño. Como muchos adolescebtes de su condición acabó estudiando en Someso, que era un instituto al que iban todos los alumnos conflictivos de la ciudad.

Casas baratas de Catanga

En esta época mi primo empezó a salir con una chica que se llamaba Maribel. Era una chica muy guapa que vivía en el barrio de Catanga y que rápidamente se hizo amiga de toda la pandilla. Tenía mucho desparpajo y una risa muy contagiosa y escandalosa. Piel morena, pelo negro y largo y un buen cuerpo. Lo malo era que se había arrimado a todos los macarras de Catanga y de Labañou y era una persona conflictiva. Tenía mucho carácter y cuando estaba de mala ostia era muy violenta. Una vez tuvo un follón con una chavala que quería algo con Iván. Le pegó cuatro gritos y la otra casi se caga en las bragas. Y menos mal que agachó las orejas porque Maribel le habría dado un par de ostias de buena gana. Era capaz de eso y de mucho más. A pesar de ser una choni a mí me caía bien. Y mi primo estaba feliz como una perdiz.

Muchas veces Iván desaparecía durante unos días porque su novia no era del barrio. Andaba por otras zonas de la ciudad con las amistades de Maribel. Estas amistades, en su mayor parte eran personajes chungos y en varias ocasiones hubo tensiones. En los noventa dos macarras de distintos barrios eran como el agua y el aceite, no se pueden mezclar. Al final se creó un conflicto entre un tal Suso de Labañou e Iván. Esta riña podía haber quedado en nada porque al poco tiempo Maribel dejó a mi primo, pero como estaba enganchado a ella no aceptó la ruptura. Cuando una relación se tuerce lo mejor es pasar página y seguir adelante pero Iván no pensaba así. Confiaba en volver con ella y poco a poco la tensión con Suso aumentó. Encima daba la casualidad de que los dos estudiaban en Someso, con lo que sus caminos se cruzaban casi a diario. Maribel intentaba mediar entre ambas partes porque no le gustaba la situación pero eran muy cabezones y acabaron resolviéndolo entre ellos.

Someso

Como todos los fines de semana me junté con mi pandilla para fumar unos canutos y decidir que hacíamos el sábado. Estaban Iván, Sergio, Fabi, Carlos y las chicas: Ana la novia de Carlos y Eva, mi novia. Después de deliverar un rato optamos por ir a Bambina a Santa Cristina. Nos apetecía un poco de movimiento y si no hacíamos esto la otra opción era pasarnos la tarde fumando porros sin más. Así que fuimos a la estación y cogimos un bus a Santa Cristina. Al llegar allí primero nos emborrachamos un poco por los pubs que hay por los alrededores de la discoteca. Nos lo pasamos bien y recuerdo que me entraron ganas de follarme a mi novia pero no era plan meternos en el servicio de un bar así que me corté. Tras unas copas y unos canutos entramos en Bambina.

Dentro de la discoteca seguimos haciendo lo mismo. Bebimos, bailamos y disfrutamos del día pero hubo algo que cambió los acontecimientos. Entre la gente del local se encontraban los de Labañou y también los del Portiño, que eran amigos de los primeros. Estos grupos eran muy macarras y desde mucho tiempo atrás se llevaban mal con los de Monte Alto. Entre ellos, cómo no, estaba Suso y tambien una de las amigas de Maribel pero no estaba la ex de mi primo. Todos nos pusimos tensos temiendo que iba a haber follón y recuerdo que mi primo tenía la navaja en la mano por si acaso. A pesar de todo seguimos haciendo lo mismo como si no pasara nada.

Mientras estaba bailando en la pista me di cuenta de que Iván y Suso estaban frente a frente a tres metros de mí, entre la gente y solos. Era un momento muy tenso y saltaban chispas entre ellos pero parecía que estaban hablando. De pronto pasó lo que tenía que pasar, Iván tomó la iniciativa, sacó la navaja que tenía en el bolsillo y con ella cerrada empezó a darle golpes con el mango en la cabeza a la vez que le agarraba por los pelos con la otra mano. Siguió dandole golpes hasta que le hizo varias brechas y los porteros terminaron por separarlos. Corrió la sangre. Los porteros se los llevaron a los dos y los perdimos de vista así que nos movilizamos y salimos a la calle esperando que echaran a mi primo. Fabi, Carlos Sergio y yo estábamos muy tensos porque nos temíamos lo peor. Entonces salió Iván con cara de circunstancia y al mismo tiempo que él empezaron a salir todos los del Portiño y los de Labañou. Eran una marabunta y tenían pinta de estar muy cabreados. Nos miramos entre nosotros sin saber qué hacer y entonces le dije a mi primo «márchate». Él asintió, se dio media vuelta y se marchó caminando sin llamar la atención, dejándonos a nosotros con todo el marrón.

Labañou. CC/Santi Villamarín

Nosotros éramos cuatro sin contar las chicas y ellos eran como veinte. Empezaron a rodearnos con cara de pocos amigos, muy nerviosos y gritando «dónde está». La tensión podía cortarse con un cuchillo. Todos mis amigos incluido yo estábamos petrificados, inmovilizados y cagados esperando la sentencia de la marabunta. Podrían habernos masacrado sin piedad y no hubiéramos podido hacer nada. Entonces pasó lo que tenía que pasar. Uno de ellos le dio un puñetazo en la cara a Fabi cogiéndolo por sorpresa y derribándolo. Al momento tenía a tres machacándolo sin piedad, uno de ellos agachado dandole puñetazos y agarrándolo y otros dos propinándole patadas. Carlos y Sergio no hicieron nada, supongo que por miedo, pero yo no podía quedarme quieto. Fabi era mi mejor amigo asi que le eché un par de huevos y me metí en la pelea aunque con mucho cuidado. Agarré por los hombros al que estaba encima de él y lo lancé a un lado. Todos se quedaron quietos mirándome como si no se lo creyeran. Aproveché entonces para levantar a Fabi del suelo y ponerlo de pié mientras le decía «corre». Me hizo caso y se puso a correr a la velocidad del rayo mientras diez o quince personas lo perseguían para darle caza y rematar la faena. Fabi empezó a correr sin que los demás se lo esperaran así que cogió una ventaja crucial que hizo que la balanza se inclinara a su favor y escapó. Se había salvado pero ahora me tocaba a mí. Cuando la maraña de personajes volvió venían diciendo «¿quién se metió?» y volvieron a rodearnos. Entonces uno de ellos dijo «fue ese» y me señaló. Se acercaron a mí con cara de pocos amigos y me temí lo peor. Me imaginé recibiendo una paliza y me cagué. Sabía lo que se sentía porque ya me habían dado alguna. Entonces en el último momento, cuando ya mis enemigos cerraban los puños para darme el primer golpe, mi novia se puso delante de mí gritando «¡a este no!». Parece que fue muy convincente porque se quedaron quietos pensándoselo y al final se dieron la vuelta y se marcharon. Me había librado. Al rato agarré a mi novia por las nalgas y la levanté en el aire. Me entraron otra vez ganas de follármela.

De vuelta al barrio nos encontramos con Iván y Fabi y comentamos la jugada. A Fabi no le habían echo prácticamente nada. Lo saqué a tiempo. El peor parado había sido Suso pero todos coicidimos en que esto no se iba a quedar así. Sobre todo porque Suso tenía unas brechas en la cabeza y eso tendría consecuencias. Iván tendría que dar la cara y probablemente sería pronto.

El Millennium desde Labañou. CC/Xosé Castro

El lunes siguiente en el instituto de Someso Iván estaba solo. A primera hora habló con colegas de la Sagrada Familia que tenía por allí para que le echaran una mano y le dijeron que le respaldarían pero no las tenía todas consigo. A la salida de clase lo estaban esperando Suso y alguno más. No hubo mucho intercambio de palabras salvo algún «te voy a reventar!» y cosas así. Empezaron a pelearse y rápidamente Iván cogió ventaja. Era mejor luchador y se repetía la situación del sábado anterior. Otra vez con la navaja cerrada le metió golpes en la cabeza y todo indicaba que iba a darle una paliza pero entonces se metió un amigo de Suso. Era un chaval enorme que cogió desprevenido a Iván y le dio una somanta de palos. Mi primo no tuvo nada que hacer. Entre que lo cogió desprevenido y la fuerza que tenía quedó rápidamente noqueado y recibió una buena paliza. Los de La Sagrada se quedaron mirando.

Cuando vi a Iván en casa flipé. Tenía toda la cara inchada como una pelota y varios moratones y rascazos. Le habían dado una brutal paliza. Recuerdo que le dolía todo el cuerpo y que casi no podía abrir los ojos. Me contó todo lo que había pasado y me dijo que estaba jodido. No volvió a ir al instituto. Ni a ese ni a ningún otro y se puso a trabajar. Tampoco le echó la culpa de nada a Maribel pero dejó de perseguirla. Para él toda la culpa era de Suso pero la verdad es que Maribel andaba con gente conflictiva y si no se hubiese arrimado a ella nunca habría tenido problemas con Suso… o quizás si.

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Obelix
Obélix es el único habitante del irreductible poblado galo que no puede beber la poción mágica que les da una fuerza sobrehumana, ya que se cayó de pequeño a la marmita y los efectos de la poción son en él permanentes.

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