Alberto Garzón, la solución final contra el botellón

El botellón es un mal terrible que azota a nuestra sociedad no solo en estos tiempos pandémicos. Perjudica a la hostelería y destruye a nuestros inocentes hijos. Los jóvenes, esa raza de irresponsables y estúpidos, por qué no añadirlo, no controlan en la totalidad de su colectivo sus hígados ni sus esfínteres. No solo molestan con esta práctica, tanto por el ruido que provocan como por la envidia que nos dan, sino que ahora ponen en peligro de muerte al resto. La lucha policial es diaria contra ellos y su desvergüenza, pero no hay manera de frenarlos. No había manera, hasta hoy. 


Muchos estudios científicos caían en saco roto, hasta que, por casualidad, ha surgido la solución. Se había venido observando que cuando Alberto Garzón, el dirigente stalinista ahora ministro de Consumo, interviene en la televisión dando cualquier discurso, los índices de audiencia caen en picado, todo Cristo cambia de canal en masa. También sucede que las noticias de las ediciones digitales de los periódicos en las que Garzón habla sobre cómo controlar la ludopatía u otras mierdas por el estilo no las visita absolutamente nadie. Se especulaba con las causas de tal fenómeno, y un equipo científico de la Universidad de Santiago de Compostela ha dado con la respuesta: es el tío más coñazo de la galaxia. 

El plomazo de Alberto Garzón


Hace algún tiempo, muchos observadores políticos afirmaban que el rojo comunista y masón ministro conseguía muchos “melofos” en las redes al colgar sus fotos, que muchas gachises y gayers se masturbaban compulsivamente observando sus imágenes llenas de sonrisitas forzadas. Pero, investigando a fondo, se dieron cuenta de que los laiks lividinosos solo eran procedentes de su equipo de asesores en redes sociales, los mismos que diseñaron la estrategia de Podemos que lo infiltró en Izquierda Unida para destruir el partido desde dentro en plan rastrero. Unos genios. No bastó más que su presencia para que los simpatizantes desapareciesen, y no era a causa de que eran todos unos carcamales moribundos momificados, no, era por aburrimiento, ahora todo cobra sentido. 

El coñazo de Izquierda Unida


El experimento definitivo fue poner a un rebaño de ovejas delante de un televisor enorme que emitía discursos de Garzón. Gran parte del rebaño escapó saltando la cerca, de tres metros de altura y trufadas de afiladas concertinas, al estilo Foxbury, y las más viejas y poco ágiles de repente pudieron articular algunas palabras mediante balidos, aprendieron a hablar de repente poseídas por el demonio comunista, para pedir que las practicaran la eutanasia haciéndolas chuletas. La experiencia piloto con humanos se trasladó inmediatamente a Oleiros, banco de pruebas de la ingeniería social mundial, a petición del gran estadista Gelo. Y funciona, como un reloj.


El método es simple: se conduce a Alberto Garzón a una zona con rebaños de jóvenes bebiendo y drogándose incontrolados, y en cuanto el ministro se introduce botellín de cerveza en mano entre los asistentes haciéndose el simpático, la gente se aburre y se marcha a casa a confinarse. Hay un efecto secundario, ya que el 18% de los sometidos a tratamiento se suicida nada más escucharlo hablar, pero el que algo quiere algo le cuesta. Además, se ha conseguido que la juventud vuelva a los bares en vez de beber por libre, solamente prohibiendo la entrada de Garzón en ellos.

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Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.
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