Amor absoluto

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Una gitana rumana se acercó a la ventanilla del taxi. Pude olerla con la vista a través del cristal. El pañuelo que llevaba sobre la cabeza podría caminar solo de la mierda que tenía, y su piel asquerosa no le andaba a la zaga. El taxista le hizo una seña balanceando el dedo de lado a lado sobre el cuello, indicándole que le rebanaría el pescuezo si tocaba el parabrisas. Pero ella hizo caso omiso y lanzó un chorro de agua pútrida de un bote de Mistol, sacó un trapo negro por la mugre del bolsillo del delantal y se puso a frotar el cristal tiñéndolo al instante de un color marrón. El conductor bajó la ventanilla encolerizado.

– Ni se te ocurra tocar mi coche, pedazo de cerda, puta asquerosa. Hijos de puta, sólo sirven para ensuciar cristales, ni para follar valen las gitanas. ¿Ha visto usted? Estos subhumanos trabajan todos para las mafias, qué asco me dan. Yo les metía en un tren de ganado y les hacía volver a Rumanía, o los fusilaba directamente, nadie les iba a echar de menos en el mundo. Cada día que pasa comprendo más a los nazis, esos sí que sabían.
– ¿Y usted de dónde es?
– ¿Yo? De Albacete. ¿Y usted?
– Yo de Tánger.
– Pero se nota que usted es de buena familia.
– Sí, mis padres son muy majos…
– El otro día, a la salida del fútbol, iba yo con mi cuñado cuando vimos a una pandilla de eskines de esos pateándole la cabeza a un asqueroso de éstos. Le tenían en el suelo semiinconsciente y jugaban al fútbol con su sesera. Uno gritaba: “Patéale la cabeza como Cristiano Ronaldo, mete gol”. Nos paramos delante del espectáculo. No sabíamos qué hacer. Eran cinco tíos contra uno, desarmado y en el suelo, indefenso. “¿Qué hacemos, nos metemos o no nos metemos, Rogelio?”. Dudábamos, podíamos buscarnos un problema. Pero yo dije: “Qué coño, vamos”. Y entre los siete le metimos un palizón tremendo, y luego nos meamos todos encima y cuando le estábamos prendiendo fuego llegó la policía y nos dijo que nos fuésemos de allí, y se lo llevaron a rastras al furgón. Al día siguiente fui a natación, que voy para recuperarme de una lesión que tengo en la cadera, aunque no sé casi nadar, y me dio un tirón muscular en un muslo, del esfuerzo que habíamos hecho dándole la lección al hijoputa. Perdón por el vocabulario, señorita.
– No pasa nada. Ya llegamos. ¿Cuánto es?
– Sesenta euros.
– ¿Cómo?
– Perdón, treinta, es por si colaba jajajaja. El otro día llevé al exministro ese gallego, el César Antonio Molina ese, con su novio, el periodista ese charlatán del Carlos del Amor, y tragaron cuando les dije que eran ochenta euros. Gilipollas, jajaja. Estos maricones tragan con pollas y con todo.
– Es usted muy mal hablado, eso es cierto.

La “raza taxista” es una de las más despreciables del mundo. Da igual la ciudad, son todos unos hijos de puta, y además huelen tan mal como los gitanos rumanos. Me dejó en la puerta de la clínica Isadora. Mi amiga Haiza me aguardaba en la sala de espera leyendo el Hola.

– ¿Qué tal?
– Ya me lo han hecho, Lati. Ha sido un ratito de nada. Es mi tercera vez, ya soy una experta. Pero estoy un poco mareada y mi coche se lo ha llevado la grúa porque aparqué en una plaza de minusválidos, por eso te he llamado. Putos municipales de mierda.
– Pensé que sólo había sido tu segundo aborto…
– No. Es que me hice otro en Casablanca hace unos años, yo tenía catorce.
– ¿Te lo hicieron con agujas de hacer punto y perejil?

Haiza es, como yo, de una familia bien, y está estudiando Derecho y Odontología a la vez en la Universidad Europea de Madrid. No va nunca a clase, pero tiene contratadas a tres chicas para hacerle los exámenes, además de que sus padres han untado a los del rectorado para que hagan la vista gorda. Le dan pasta gansa a Haiza sus padres, pero a ella nunca le llega hasta final de mes. De vez en cuando se tira a algún tío por unos euros, está en el book de una agencia de putas caras.

Nos marchamos hacia su casa en otro taxi. Este olía mejor, porque la mampara no dejaba pasar los efluvios a puerco del conductor. Algo a pedo olía, pero no mucho, y es posible además que fuera uno que se le escapó a Haiza, porque los abortos suelen provocar flatulencias durante un par de días por el contacto del recto con la vagina ensanchada.

– Tengo ganas de ser madre, Lati. Me muero por tener un bebé.
– Ehhhhhh, creo que aquí hay algo que no pillo…
– Bueno, es que yo no pienso volver a quedarme embarazada, la otra vez, que aborté a los siete meses, cogí doce kilos, y me costó una pasta quitármelos con tres lipoesculturas. Tuve que chupar la polla a muchos viejos hijos de puta para pagármelas.
– Ah, ya lo entiendo, que no quieres engordar.
– Eso es. Lo he hablado con mis padres. Además no están dispuestos a tener que pagar otros doce mil euros por un aborto fuera de plazos. Cuando aquella vez vieron que mi hijo iba a nacer con síndrome de Down por efecto de la coca que me meto casi me matan, mi padre me estuvo golpeando con un rabo de toro disecado y con una correa toda una tarde, y llamándome de puta para arriba. Para mis padres tener un niño-monstruo hubiese sido una deshonra tan grande que me hubieran echado a la calle sin dudarlo, o asesinado. Me pagaron una clínica de lujo, estaba llena de moras abortando a los siete y a los ocho meses, y al acabar les reconstruían el himen, hacían el servicio completo. Yo me lo cosí también, pero me duró apenas una semana y media.
– ¿Qué vas a hacer, contratar un vientre de alquiler?
– Mi padre lo tiene todo bien pensado. Hay un sitio financiado por el Gobierno a las afueras de Casablanca donde tienen internadas a chicas jóvenes capturadas en los suburbios, las alimentan bien y las embarazan para vender a los niños. Es un negociazo, cobran treinta mil euros por niño, con ello se financian los yates de Mohamed VI, incluso él se pasa de vez en cuando por la residencia y se folla a un par. Mi padre va a donar semen, se lo meterán por el coño a una de ellas, una que parezca tener buen pedigrí y luego me lo entregarán a mí. Me hace muchísima ilusión, Latifah. Y es indoloro e ingordoro.
– Pero de este último aborto no se han enterado tus padres…
– No, hija, y me lo he tenido que pagar yo. Me he quedado canina, no tengo un euro en la cuenta corriente. Dentro de un rato tengo una cita en mi casa con un viejo que me va a pagar mil quinientos euros por darme por culo y para que le haga coprofagia en la boca. Le encanta, es un cerdo pervertido. Es un político conocido, no me acuerdo del nombre, yo paso de los telediarios españoles, todos los presentadores son maricones.
– Alguna vez tendré que probar, se saca pasta para correrse alguna juerga…
– Oye, pues si te apetece… podríamos hacer un trío. Le pido tres mil euros y los paga con gusto. Yo no voy a poder hacer coito vaginal, sólo anal, acabo de abortar, serías un buen complemento, y mientras yo me cago en su boca tú podrías mearle encima de la cabeza, le encanta, cuanto más repugnante mejor. Y se deja pegar con una fusta, yo le doy con todas mis fuerzas y goza como un cabrón.
– Estamos a final de mes y ya me lo he gastado casi todo. Me vendría de puta madre ese dinero.Venga, con dos ovarios, lo vamos a hacerrrr.
– Biennnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, Lati. Además, tengo ganas de verte desnuda, debes tener un cuerpazo.

Bajamos del taxi. Mientras subíamos en el ascensor Haiza me dio un beso en los morros, para ir abriendo boca. Nos preparamos unos gin-tonics de pepino, nos metimos tres lonchas de una maravillosa coca y dejamos otras tres preparadas para el puto viejo que iba a llegar, al parecer le encantaba la farlopa. Nos untamos un poco el coño con los restos de polvo blanco para ponernos perras, Haiza me pasó la lengua y dijo que estaba delicioso. Llamaron a la puerta. Abrimos. Entró Ramón Jaúregui y empezó a desnudarse. Sus carnes fláccidas parecían las de la momia de Tutankamón. Cubrimos la cama con un plástico y se tumbó lanzándose sobre ella como Dick Fosbury. Pretendía hacernos creer que no era el asqueroso carcamal sociata que es.

– Creo que me estoy enamorando a simple vista. Siendo quien es, yo le cago en la boca, Haiza, lo prefiero, méale tú.
– Vale. ¿Y el palo por el culo quién se lo mete?
– Ya vamos viendo… sobre la marcha.
– Dadme amor, chicasssssssss, amoooooooooooorrrrrrrrrrrrr absolutooooo…….ggggggggggg ggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

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Colaborador
Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.

3 comentarios

  1. Qué relato tan bonito. Me se saltaron las lágrimas con la aparición de Jáuregui.

  2. Gracias por haberme descubierto a Luis Pinto, Latifah… llevo dos días tarareando ‘Amor absoluto’. Y lo digo totalmente en serio.

  3. Sabía que iba a gustarte Luis, Willson, que te ibas a cascar unas pajas viendo el video, por eso lo puse. Os recomiendo a todos si tenéis oportunidad hacer de vientre sobre Ramón Jaúregui, incluso en los colegios debería ser asignatura obligatoria: a primera hora matemáticas, a segunda cagarse en la bocachancla de Ramón.

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