Crónica del futuro I: 3 de julio de 2055

Un anciano apareció decrépito por la puerta de la prisión. Los flashes de las cámaras estallaron en su cara, como disparos, casi le hicieron caerse del andador. Un aplauso ensordecedor atronó por toda la explanada, se habían concentrado, según la delegación del gobierno, que siempre cuenta a lo bajo, trescientas mil personas. Llegaron en autocaravanas, en coches, andando de rodillas, haciendo auto-stop. Aquel viejo era tan admirado por la multitud que de los cuatro puntos cardinales de España, Cataluña, País Vasco, Baleares, Galicia y Murcia habían acudido con fervor a homenajear a aquel ser débil tan injustamente tratado, por los hombres y por la historia.

La multitud se lanzó sobre él como si fuera un ciclista escalando el Tourmalet, con amor, querían ayudarle a caminar. Había pasado más de treinta años en la penitenciaria de alta seguridad de Soto del Real, después de todos aquellos acontecimientos. Primero condenado a muerte. Después a prisión permanente revisable. Luego a muerte de nuevo, pero tras un tercer juicio conmutada a ochenta mil años de prisión incondicional y, finalmente, aquel indulto, tan justo. Se le saltaron las lágrimas.

Los primeros años fueron difíciles porque, tras el juicio sumarísimo, fue internado en un régimen de alta seguridad sin visitas debido a su peligrosidad. No fue todo. Los carceleros le sometieron a duras torturas, poniéndole música de Alejandro Sanz a todo volumen veinticuatro horas al día, además de sodomizándolo, primero ellos, luego con el mango de un pico. Luego se cansaron de verlo sangrar por el ano y se lo entregaron a los presos, que practicaron el medievo con su culo hasta ensanchárselo de forma que no retenía nada al doblar las heces la curva del colon descendente. Pero este hombre ejemplar sobrevivió a todo aquel suplicio.

Durante el juicio fue tildado de asesino, criminal, mentiroso, prevaricador, gilipollas, hijo de puta, de todo un poco. Varios miles de testigos, sin duda manipulados por el gobierno que resultó en las urnas tras toda aquella debacle, declararon contra el pobre hombre con incontrolable ira y rencor, haciéndole responsable de la muerte de sus seres queridos simplemente por idiotez y por enchufado. Las otras personas encausadas por la epidemia/matanza habían sido exterminadas o se habían suicidado al ver el tamaño desaguisado que habían organizado en la gran España, pero él no, el resistió toda la presión. Era un superviviente nato, era una persona que se metía dentro de sí mismo y ni el peor dolor físico o mental podía sacarlo, era indestructible.

Por fin veía la luz del sol. Tenía las pupilas débiles, tras treinta años en un sótano con los fluorescentes encendidos día y noche, los funcionarios de prisiones poniendo música de Cold Play todo el tiempo para quebrarle la moral, y los moros y negros poseyendo su culo insaciablemente. Llegó a cogerle incluso el gusto, aunque el fisting es cierto que siempre le había pirrado.

La multitud le abrió paso. No, al final se supo que no era culpable de genocidio, ni de negligencia criminal, ni de prevaricación, ni de imprudencia temeraria con resultado de miles de muertes, ni de ser subnormal con todas las letras, como le gritó el juez al terminar el primer proceso. No. No. No. No y no. Y había sido elegido presidente de la república en las últimas elecciones porque el pueblo había visto claro que él tenía razón, que era de una estirpe que habían exterminado, con dolor (a Pablo Iglesias le sacaron al piel a tiras los partisanos y lo colgaron de una farola junto a su mujer y a sus tres hijos) sin razón alguna, por pura necedad llevados a la atrocidad por gente mala. Una pena.

Ahora era libre. Al fin. Libertad, divino tesoro, aunque sea ya de anciano, mejor morir de pie que vivir arrodillado mientras te meten garrotes por el orto, aunque al final le gustase aquello. Su expediente limpio. Salvador Illa no era un hijo de la gran puta, no. Ni un imbécil total, no. Era la mejor persona de España, siempre lo había sido.

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Colaborador
Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.

Un comentario

  1. Me han llenado de emoción sus palabras.

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