El Cristiano Ronaldo de la petanca

una entrevista en 2010, tras haber obtenido el oro en el Europeo disputado en Francia. Y es que, tras nueve victorias en las nueve partidas que disputó durante tres días de competición, su gesta se completó con su victoria ante el anfitrión francés en la final por 13 a 6, una verdadera paliza. Pero a pesar de esta demostración de su poderío, ante la falta de apoyos institucionales, el Cristiano Ronaldo de la petanca, que cursaba Segundo de la ESO, se vio casi obligado a volver a estudiar ante el oscuro panorama que atenaza al petanquista profesional. «No quería estudiar más, me había cansado de los libros, pero voy a empezar otra vez. Por las mañanas ayudaba a mi madre y por las tardes me iba al club a entrenar, pero mi presidente me dijo que ese no era el camino, que tenía que pensar en mi futuro y así lo voy a hacer», confiesa este as de las bolas, que sigue entrenando todos los días en su club de toda la vida, el Club de petanca las palomas de San Basilio. «Aunque no me gusta estudiar ahora quiero sacarme el carné de conducir porque lo necesito», añade sobre sus proyectos más inmediatos. [caption id="attachment_5311" align="aligncenter" width="300"]José Gómez, nuestro campeón José Gómez, nuestro campeón[/caption] A pesar de que fue tentado con varias oferrtas para pasarse al dominó profesional, a sus 22 años, José Gómez sigue fiel a la petanca, desmintiendo el tópico de que se trata de un deporte para viejos. «Siempre me ha molestado que se crea que es un juego para abuelos. En cuanto te federas, la edad del jugador baja mucho. En España hay cantera», explica entusiasmado en otra entrevista. «Hay mucho nivel, pero ni el Gobierno autonómico ni el estatal parecen interesados en invertir en petanca, parece que en España solo interesa el fútbol y después el baloncesto», asegura. De hecho, España obtuvo el bronce en el último Mundial de petanca celebrado en Turquía, en el que «el oro fue para Francia, donde se puede vivir de la petanca porque echan los partidos por la tele», afirma Gómez. Porque no hay derecho a que se nos escape este talento de las manos, estos diamantes en bruto de la petanca, mientras en Francia sí apuestan por sus jóvenes promesas deportivas. Si España apostase por estos atletas y por este bello deporte de templanza y boliches, a buen seguro que José Gómez se codearía con estrellas como Messi, Cristiano Ronaldo o Rafa Nadal. Pero la realidad es que este panorama desalentador, en el que España abandona a su suerte a sus promesas, crea situaciones tan desastrosas como que nuestros deportistas de élite de petanca se vean obligados a complementar su disciplina con otros deportes. «Ahora estoy muy metido en el mundo de las bolas chinas, que aunque nos es petanca estrictamente tiene elementos comunes: un agujero, varias bolas y la destreza personal», revela José resignado, que está planenado «estudiar más tarde alguna carrera que me llene, como Ingeniería industrial o Derecho», revela. [caption id="attachment_5310" align="aligncenter" width="315"]DSC06202 José Gómez posa con sus trofeos[/caption] «José toca las bolas como nadie, es una lástima que por falta de apoyos no haya podido llegar más lejos para escribir su nombre con letras doradas en el Olimpo de la petanca y del deporte español», afirma Hortensia Hermida Torres, presidenta de la Federación Española de Petanca. «En todo caso, nosotros trabajamos diariamente para que la petanca se iguale a los demás deportes que se practican en nuestro país», añade. Mientras, José Gómez trabaja día a día toqueteando las pelotas y ya ha recibido varios consejos para que abandone sus estudios y vuelva a la petanca de lleno, debido al gris panorama que le espera en España tras estudiar e intentar acceder a un puesto de trabajo. «Me han tentado también con varios guiones de películas porno, de momento rechacé protagonizar El muchacho de las bolas de acero y El jugador de petanca y su enorme tranca, pero no descarto nada con la que está cayendo», asegura.]]>

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Wilson Palleiro
Cree que todavía es posible cambiar el mundo. Como no tiene el valor suficiente para quemar cajeros o hacer escraches, escribe cosas.

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