El futuro de la especie II: «Mañana seré libre»

1. Mañana seré libre.
Cuando el ejército formado por mercenarios moros, negros y gitanos rumanos enviado por Errejón asaltó nuestras murallas por decimoquinta vez supimos que aquello no era un buen vivir, no podíamos soportar más esa situación. Las masas mugrientas se reproducían como por esporas, y los matábamos a buen ritmo, pero no habíamos nacido para vivir en un estado de guerra permanente. Durante la batalla matamos a más de trescientos mil mierdas de los de esas razas inferiores y al resto los hicimos prisioneros y fueron conducidos a mataderos de ganado para ser descuartizados y producir comida para los cerdos, pero aquel era un proceso muy costoso y estábamos hartos de triturar basura, y la carne de gitano olía especialmente mal cuando nos veíamos obligados a incinerarla.

 

La fabricación de la máquina del tiempo se estaba retrasando, porque los científicos que habíamos capturado de las universidades de los muertos de hambre para elaborar el proyecto resulta que eran los típicos patanes de facultad pública. Estábamos pagando a toro pasado la mala base que los planes educativos de la izquierda rastrera había implantado en el país. Así que tuvimos que matarlos también (estos no servían ni para alimentar al ganado) y contratar a físicos alemanes como Dios manda. Dos años y medio más tarde, Andrea Levy, nuestra nonagenaria presidenta, inauguró la máquina para viajar al pasado. Andrea rompió una botella de champán contra la carcasa para bautizar el invento, ese que iba a ser nuestra salvación. Era nuestra heroína, la que cuando era joven (estaba muy buena por aquel entonces, por cierto) había desenmascarado la impostura de la jueza lesbiana seropositiva Carmena, lideresa de los desarrapados que finalmente dejaron la ciudad de Madrid hecha un solar con sus estúpidas ideas clásicas de la izquierda de “todo er mundo é güeno”. Andrea Levy, catalana pero buena patriota, había sido una de las artífices para que nos levantáramos en armas y reconstruyéramos, al menos el parte, los cimientos de la patria.
Elegimos como tiemponauta al mejor de nuestros guerreros Berserkers: el hijo póstumo de Paco Álvarez-Cascos. Su padre, nuestro gran héroe del pasado, había concebido a su hijo dos días antes de su muerte a los 98 años, mientras mantenía relaciones sexuales con la novia rusa de 19 años de Fernando Alonso, que se encontraba totalmente despechada por aquel entonces tras enterarse de la homosexualidad de su marido, el piloto de Fórmula1 retirado cabezón. “Además de gilipollas ahora resulta que es maricón”, dijo la rusa a los paparazzis con su extraño acento mientras Paco Cascos la llevaba de la mano hacia su Ferrari para tomar camino de su picadero de Llanes. Él tuvo durante su vida cuarenta y un hijos reconocidos con treinta y nueve mujeres diferentes. Además de héroe era todo un semental.
Construímos la máquina en Alpedrete, un pueblo lleno de amables gentes que nos prestaron todo su apoyo durante el proceso de frabricación. Armamos a Paco Cascos junior hasta los dientes y lo introdujimos en la cápsula blindada. Como destino, pusimos las coordenadas del piso de Juan Carlos Monedero el día que nos pareció más decisivo, el momento en que pudiésemos cortar el mal de raíz desde sus orígenes. La bola plateada comenzó a girar sobre la máquina, se creó de repente el vórtice espacio-temporal que conducía hacia el agujero de gusano, las cadenas de titanio se soltaron automáticamente y nuestro héroe comenzó su viaje hacia el pasado para salvar a nuestro país erradicando desde su génesis a los movimientos radicales terroristas que lo habían arruinado.

 


2. Banner y Flappy (En el futuro).
íñigo dio una calada al porro que le pasó Juan Carlos, pero no se tragó el humo, hizo como que sabía fumar aunque en realidad nunca había probado el hachís. Pero el orujo de pera que habían bebido estaba haciendo su efecto, iban ya pedo ambos. Se habían conocido hacía muy pocas horas en una fiesta de la facultad. Íñigo acababa de llegar al sacrosanto lugar, pero ya había conseguido introducirse en los ambientes departamentales gracias a su labia de Pepito Grillo y a sus habilidades sociales. Juan Carlos hacía tiempo que nadaba como pez en el agua entre aquel fango y había logrado una plaza de profesor asociado con un sueldo la mar de aceptable, aparte de lo que cobraba dando charlas absurdas para diversas fundaciones.
Tras saborear superficialmente el peta, Errejón continuó divagando dicharachero:
-En el futuro el más tonto será rey. Por poco tiempo, pero rey. (INCISO: mola decir «rey» porque puedes decir presidente, kaiser, führer, consejero delegado, pero rey viene del latín REX y eso es compartir título con un dinosaurio de los más heavys, ojito…)…
>>Gobernarán en periodos de 10 – 12 temporadas televisivas, luciendo sonrisa y labia labrada a golpe de prometer. Serán Kaisellers de la Xunta, comerán marisco como morsas, beberán buenos caldos y al final de la legislatura protagonizarán un reallity de Pierde peso, puto gordo para poder volver a presentarse.

 

En el futuro se viajará a velocidad relativista, es decir, tú recorrerás diez kilómetros en bicicleta (de vapor, aire, imanes, algas, prana, o lo que sea) y gracias a la distorsión espacio/temporal habrás dado la vuelta al planeta. Puedes parar en cualquier lugar del mundo a echarte una McPepsi o a fumarte un Drogolate. Eso si tienes seguro, que si viajas sin asegurar eres carne de tráfico de órganos.
En el futuro habrá máquinas que hagan pajas a las máquinas que te están haciendo una paja, que siempre es más estimulante el goce compartido.
En el futuro se quedará y desquedará por pensamiento. Así, en un segundo se habrá quedado en doce sitios diferentes, al segundo siguiente quedarán cinco candidatos y a lo largo del minuto siguiente se debatirá hasta terminar yendo a donde diga el jefe/líder/buenorro/buenorra/camello/amigo con dinero… como siempre, pero en un minuto. Se dejarán las relaciones y se recuperarán a los 5 segundos. Los testamentos cambiarán una media de 1.250.300.000 veces al año. En el futuro, tu persona física se parecerá más al «abominable ente social darwiniano», la mitad será metálica o de fibra de coco, la otra mitad oscurecida por la tinta.
En el futuro el ario se exinguirá. La pequeña gotita que es la raza blanca en medio del inmenso océano de marrones y amarillos se convertirá en otro ocre más. En el futuro no habrá rubias.
En el futuro el espacio estará lleno de becarios y gente en prácticas, limpiando estaciones espaciales y extrayendo materia. El basurero conducirá hasta cerca del Sol y tirará el contenedor. Al regresar a la base, sorteará varias torres de conducción energética que surten de electricidad al planeta desde su astro rey. Los que las limpian y se ocupan de su mantenimiento cobrarán mucho dinero y su vida irradiada durará un par de opulentas décadas.
En el futuro se volará, más por necesidad que por deporte. ¡Claro, es más barato construirte un aparato auto-propulsado de energía cutre para llegar al trabajo que las carísimas máquinas de velocidad relativista! El consorcio Amero-Euro-Asiático venderá muy cara la posibilidad de la auto-portación. El aire se llenará de nuevas migraciones, más pájaros para añadir a la larga lista de la ornitología. El «Homo Ingravitus» ha nacido.

 

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En el futuro las emociones ajenas se comprarán en formato USB, se sentirá lo que siente al follar siendo un presidente, un banquero, un criminal de guerra, como la máxima estrella musical… y claro, las mezclas serán lo más exquisito: un minuto de orgía entre el Papa, el Consejero Delegado de la MegaWorldCorp, la actriz emergente de doce años, un gorila rhesus y el personaje digitalizado de videojuego más puntero del momento valdrá lo que un champagne de 30 años. Imaginad posibilidades, y acertaréis, es como poner los ingredientes a una pizza.
En el futuro, nuestros clones pilotarán drones para ver la realidad desde sus torres de roca fundida y labrada a golpe de láser. El último ser humano, si llega a haber un último, se parecerá más quizá al simio que fuimos. Pequeños accidentes con la antimateria crearán cada vez más agujeros negros. El tejido de la realidad por fin mostrará lo que había detrás. Una nada tan absoluta y uniforme como la que llevó al ser humano a adentrarse hasta lo más desconocido para, simplemente, cumplir con la función de la vida de extenderse. El único mandato que ciencia y religión comparten, «creced y multiplicáos». Cada velo rasgado conduce a nuevas cotas de éxito, nichos de vida, evolución.
En el futuro no estaremos ni tú ni yo, luego no pierdas el tiempo y folla…
– Por cierto, Juan Carlos, estoy notando una cosa….
– ¿Qué cosa?
– Una sensación…. como…
– Es que estás muy nervioso por toda la gente interesante que has conocido esta tarde.
– Ya, pero… sigo notándolo.
– Estate tranquilo, Íñigo…
– Me estás intentando follar, Juan Carlos.
– Pero, ¿qué dices?
– Pues ahora lo estoy viendo…
– Bueno, venga, es cierto, lo estaba intentando, ya la saco.
– No digo que la saques, déjala, pero que conste que me estás follando.
De repente se produjo un estruendo en la habitación, un resplandor muy fuerte surgió de un punto del techo y, como viniendo de la nada, cayeron sobre la cama una cabeza humana, un pene y un brazo. Juan Carlos Monedero cogió el craneo por los pelos, lo levantó…
– Joder, qué tío más feo, se parece…
– Es clavadito a Alvarez-Cascos.
– Tiene su morbo el tío…
Íñigo era muy hábil en la dilatación, todo un campeón anal. Mientras Monedero le penetraba el esfinter a buen ritmo, él se colocó la cabeza de Cascos sobre el pene, lo introdujo en la boca del muerto decapitado y, tras varias arremetidas conjuntas en trenecito, llegaron al clímax a la vez. Alguien llamó a la puerta entonces.
-¡¡JUAN CARLOS, ÍÑIGO, SALID, PABLO VA A PARTIR LA TARTA!!!!

– Jodida zorra, siempre interrumpiendo en lo mejor.
– Déjala, se está hormonando para cambiar de sexo y está muy exaltada. Vaya nombrecito se ha puesto, antes se llamaba Manolo Sánchez, jajaja.
– ¡¡YA VAMOS, TANIA!!!!

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Colaborador
Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.

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