Esa inmensidad

CC/Nathan Wind
CC/Nathan Wind

 

Esa inmensidad que separa lo que sale en televisión de la vida real.

Esa gente siempre feliz que va a tomar el vermú.

Esa mosca en la pared blanca.

Esos católicos tan sonrientes que van de putas.

Esa utopía en la que no es necesaria la jodida lotería de Navidad.

Esa atroz burla que son las entidades benéficas, sin ánimo de lucro y demás.

Esos padres que están deseando que sus hijos adolescentes vuelvan borrachos a casa.

Ese culmen de la estupidez de las redes sociales.

Esa demonización absurda de los coños y las pollas y esa santificación de los músculos artificiales de gimnasio.

Esas fundaciones culturales, patronatos de nosequé y asociaciones de nosecuanto gracias a las que viven muchos parásitos.

Esa lacra de las subvenciones.

Esa gente pailana que emigra y regresa a la aldea hablando en inglés y aún más pailana.

Esas muertes de cáncer lentas y dolorosas de los emprendedores.

Esa democracia griega solo para los privilegiados y esa revolución francesa sangrienta que son los mayores logros ideológicos de la humanidad.

Ese decir un «buenos días» sonriendo y pensar a la vez: «Muérete, hijoputa».

Esas concentraciones de moteros sin las que el mundo sería un lugar mejor.

Esas niñas pobres de países tercermundistas vendidas vírgenes por sus padres a pederastas rusos y norteamericanos.

Ese punto insignificante que representa nuestra galaxia en el Universo.

Toda esa inmensidad

tan inmensa

que me importa una puta mierda

todo.

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Wilson Palleiro
Cree que todavía es posible cambiar el mundo. Como no tiene el valor suficiente para quemar cajeros o hacer escraches, escribe cosas.

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