Los humanos, esos seres viciosos

CC/heidi schempp fournier[/caption] Trabajé de camarero tres años seguidos en un bar de un pueblo pequeño y costero. En el verano teníamos muchísima gente y currábamos un montón de horas. Era un trabajo muy sacrificado y mal pagado pero en tiempos de crisis y sin otra opción laboral te aferras a ello como a un clavo ardiendo. Tenía un día libre a la semana, normalmente los martes, y procuraba disfrutarlo. El bar abría desde las 10 de la mañana hasta las 12 de la noche aunque los fines de semana cerrábamos más tarde. Sobre todo en verano, que podíamos cerrar a las cuatro de la mañana. Conocí en esos tres años a una clientela muy variada además de muchos camareros, tanto compañeros como de los bares de los alrededores. Había muchos clientes habituales que llegaban siempre a la misma hora y se pedían lo mismo. Recuerdo un señor jubilado y grandote que muchas veces venía con sus nietos y parecía muy majo. Ese señor aparecía casi todos los días a las 5 de la tarde y se pedía un gintonic. Cuando se lo estaba poniendo me repetía siempre «sin limón». Mientras se lo estaba sirviendo ya me sacaba el billete y cuando iba a la caja a cobrarlo me daba la vuelta y ya se lo había terminado. Inmediatamente se marchaba. Había otro que venía por las noches después de trabajar. Se sentaba en la barra y se pedía una cerveza en copa fría. Tardaba dos minutos en bebérsela y se pedía otra, después otra y en diez minutos se marchaba a otro bar. Había muchos clientes que venían todos los días y todos los días bebían. La persona que más me impactó entre nuestra clientela fue una señora que acostumbraba a tomarse Martinis. Normalmente pedía un Martini blanco sin hielo para que le llenaran más la copa con el licor aunque a veces tomaba Albariño. Esta señora bebía hasta que no era capaz de hablar ni caminar y más de una vez hubo que llamar a la ambulancia. Hubo un día que se la llebó la ambulancia y al cabo de un par de horas la vieron otra vez en un bar. Dejamos de servirle tanto nosotros como los bares de alrededor. [caption id="attachment_6327" align="aligncenter" width="612"]CC/Luis Ávila CC/Luis Ávila[/caption] Entre los camareros también recuerdo varios casos aunque no tan graves como el de la señora. Tenía compañeras que siempre comían con cerveza y todas las noches se tomaban un par de ellas. Lo hacían en el trabajo y no llegaban a emborracharse pero lo hacían por costumbre todos los días. Había un camarero en el bar de enfrente que cuando tenía horario partido en las horas libres de la tarde se pasaba por el bar. En dos o tres horas se tomaba tres gintonics y volvía al trabajo. A este lo vi una noche subirse al coche con sus hijas pequeñas y nada más cerrar la puerta volver a abrirla y sacar la cabeza para vomitar. ¡Qué personaje! Tuve un compañero que me impactó bastante y con el que además de trabajar compartí piso. Se llamaba Pedro. A Pedro le gustaba beber más que ninguna otra cosa en el mundo. Su jornada laboral comenzaba a las cuatro. Se levantaba a las tres y media con el tiempo justo de ducharse, tomarse un café y fumarse un pitillo. Lo siguiente que se metía en el cuerpo era una caña. Nunca comía a mediodía, a lo sumo una tapita a media tarde. Pasé muchas tardes con él trabajando y tengo que decir que me lo pasé muy bien y se convirtió en un gran amigo… pero no paraba de beber. Se servía media caña cada media hora más o menos y así hasta que se marchaba. A veces bebía alguna copa de ron pero normalmente cerveza. Hubo días en que trabajando se le notaba la borrachera pero no era habitual y a pesar de estar bebido trabajaba muy bien. Y fue de quien más aprendí sobre hostelería. Cuando salía del trabajo se iba directo a otro bar a seguir emborrachándose. No solía volver a casa hasta que estaba ciego como un piojo y al día siguiente repetía. Llevaba años haciéndolo. [caption id="attachment_6319" align="aligncenter" width="640"]CC/Thomas Hawk CC/Thomas Hawk[/caption] Una vez cogimos el coche e hicimos una excursión porque teníamos la tarde libre. Nos fuimos a 60 kilómetros a una playa perdida que ni recuerdo el nombre y cuando llevábamos algo más de una hora tomando el sol comenzó la abstinencia. Me dijo que se iba a buscar un bar y desapareció por los caminos que bordeaban la playa. Tardó tres cuartos de hora y volvió decepcionado diciendo que no había bares por la zona. Empezó a sentirse nervioso, me propuso marcharnos y acepté. En el camino de vuelta me dijo que parara en una gasolinera para comprar una cerveza y se me olvidó. La primera gasolinera me la salté sin querer y Pedro se puso muy nervioso. Necesitaba beber. Cuando llegamos a la siguiente gasolinera casi estábamos en casa pero me dijo que parara igual. Compró una cerveza y se la bebió de dos tragos. Muchas veces Pedro me decía que iba a beber hasta que se lo prohibiese el médico o hasta la muerte. Un día me contó una historia de su padre. El padre de Pedro también era alcohólico y bebió hasta una avanzada edad. Un día tuvieron que ingresarlo en el hospital durante bastante tiempo y no pudo beber. Hubo un momento en el que empezó a tener delirios por la abstinencia y Pedro lo recordaba como uno de los peores momentos de su vida. Tenía miedo al delirium tremens. Pensando en ello me di cuenta de que Pedro era como un yonki. [caption id="attachment_6320" align="aligncenter" width="500"]CC/Jay-Ar Cruz CC/Jay-Ar Cruz[/caption] Al cabo de un par de años trabajando con él dejó el empleo y se fue al sur. Dijo que necesitaba un cambio de aires, que llevaba mucho tiempo sin ver a su familia y que no todo era trabajar así que se marchó. Todavía lo echo de menos y sé que sigue bebiendo pero por lo menos era una persona apta para trabajar y sabía cual era el momento de decir basta. Cuando estaba muy ciego se iba a su casa. Vivía al límite y casi siempre me pedía dinero para llegar a fin de mes pero el día uno me lo devolvía sin falta. Pedro ante todo cumplía con su trabajo y con sus amigos. Pero no todos son así. [caption id="attachment_6322" align="aligncenter" width="640"]CC/Jorge Miente CC/Jorge Miente[/caption] En esta época también tuve una novia que tenía problemas con la bebida. No bebía todos los días pero sí siempre que salía y normalmente bebía hasta caer de culo. No tenía freno. Un día que yo me fui a mi casa a dormir me despertó a las ocho de la mañana llorando y diciendo que no podía entrar en casa. Me levanté de la cama y me fui en taxi hasta su casa. Cuando llegué allí me la encontré en el portal de al lado al suyo sollozando. No había encontrado su casa. Si esto te pasa un día no es preocupante, pero si te pasa varias veces tienes un problema. Una noche me encontré mal y me fui a su casa a dormir mientras que ella se iba de fiesta. Se fue sin llaves y acordamos que yo le abriría la puerta al llegar. Cuando llegó me despertó llamandome por teléfono y me levanté y fui a abrirle la puerta. Entró en su casa y se sentó en el sofá para quitarse las botas. Al quitárselas salpicó de líquido toda la habitación. En el tiempo que pasó esperando en el portal a que yo le abriera se había meado. Otro día me desperté por la mañana a su lado y se había meado en la cama. Varias veces tuve que cargar con ella hasta casa porque si la soltaba se quedaba durmiendo en el suelo. No sabía cuál era el momento de parar y siempre que salía perdía el control. Había que estar muy pendiente de ella. Otra vez me despertó a las siete de la mañana diciéndome que se encontraba muy mal. Saliera con las amigas de copas y quería que la fuera a buscar en coche. Le pregunté que dónde estaba y me dijo que no lo sabía… Y suma y sigue. Cuando estaba sobria tenía cosas buenas y la verdad es que es una persona a la que tengo cariño pero no podía compartir mi vida con alguien así. Terminamos rompiendo y cada uno por su lado. Mi ex no sabía dónde estaba el límite y terminaba sus noches haciendo el ridículo. Lo peor es que al día siguiente no se acordaba de nada y parecía darle igual. Al menos no bebía todos los días. [caption id="attachment_6321" align="aligncenter" width="640"]CC/Hernán Piñera CC/Hernán Piñera[/caption] En la vida hay que tener moderación. Si te acostumbras a algo debes saber que ese vicio puede condicionar tu vida e incluso llegar a perjudicarla mucho. Hay alcóholicos como la señora de los Martinis que no valen para nada más que para beber. Sin embargo hay otros que aún bebiendo todos los días pueden llevar una vida completamente normal. Es cuestión de saber dónde está el límite de cada uno. A veces en nuestra sociedad no nos damos cuenta de que el alcohol es una droga y de que consumirlo tiene consecuencias.]]>

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Obelix
Obélix es el único habitante del irreductible poblado galo que no puede beber la poción mágica que les da una fuerza sobrehumana, ya que se cayó de pequeño a la marmita y los efectos de la poción son en él permanentes.

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