Juan Carlos I, Bárbara Rey y Urdangarín

 

Cada vez que veo a Juan Carlos I, el rey de España, no puedo evitar pensar en elefantes abatidos a tiros en Botsuana, en sus mensajes de Nochebuena, en Bárbara Rey, en los Gal y en millones de euros lloviendo. Pienso en la transición que no ocurrió, en espléndidas orgías, en que los norteamericanos sabían que iba a ocurrir el 23-F, en sórdidos chanchullos urdidos en hoteles de cinco estrellas y en genocidas estrechando su mano. Pienso en cacerías amañadas en Rumanía, en su “inviolabilidad”, en sus yates atracados por todo el país y en Corinna zu Sayniu-Wittgenstein.

“Lo siento mucho”.

Cada vez que veo a Juan Carlos I de Borbón pienso en Sofía, esa señora con la que sale en las fotos; en lo mal que lee los discursos que le escriben y en el coronel retirado que le llamó “putero, borracho y cabrón”. Pienso en los fondos reservados del Cesid, en osos amaestrados borrachos en Rusia, en su regio rostro adormecido en actos oficiales y en su “¿Por qué no te callas?” a Chávez. Pienso en su prole que crece cada día más, en su colección de coches de lujo, en sus molones trajes caqui de soldado y en los sesenta millones de euros anuales que cuesta mantener la Casa Real.

“Me he equivocado”.

Cada vez que veo a Juan Carlos I pienso en la leyenda urbana sobre Su Majestad huyendo en moto de sus guardaespaldas para socorrer a algún ciudadano, en su última operación y en la portada censurada a El Jueves. Pienso en su “Me llena de orgullo y satisfacción”, en la extraña muerte de su hermano Alfonso mientras los dos jugaban con una pistola y en su posados sonrientes con Urdangarín y la infanta Cristina. Pienso en sus lujosos palacios, en Franco dándole las últimas instrucciones, en su efigie real en las monedas de cien pesetas y en la locura de Felipe V.

“No volverá a ocurrir”.

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Pedro J. Panoplia
Adjunto del adjunto del director, esta exótica promesa del periodismo patrio mueve los hilos en esta web. Amado y odiado a partes iguales, transpira neoperiodismo por cada uno de los poros de su piel. Duerme, come, caga y vive en la redacción.

4 comentarios

  1. No hay que despotricar tanto contra este tío, en realidad es un «fucking idol». Ha dedicado toda su vida a emborracharse, a ir con putas y a marcharse de los bares sin pagar. ¿No sería esta nuestra máxima aspiración vital en realidad? Confieso que le tengo insana envidia. Ahora se han dado cuenta de que las leyendas urbanas que contaban de él eran todas ciertas, y no sólo la de Bárbara Rey, es que el tío cabrón se a estado tirando hetairas de todo pelaje desde que el mundo es mundo. Su señora, en ese papel de sufridora cornuda, me repugna mucho más por su falta de valor y de escrúpulos para seguir aguantando. Aunque no nos olvidemos que el papá de la Sofi era un filonazi y que ella y su familia tienen muy difícil retornar a Grecia sin que les corten las pelotas a bocados. Si en realidad son todos admirables, porque resisten sin que alguien les pegue cuatro tiros y siguen ahí haciendo lo que al resto nos gustaría en realidad hacer.

  2. Jajaja, muy bueno tu punto de vista, Bonifacio. Nunca había pensado en Juan Carlos I como en una especie de estrella de rock. La verdad es que sólo con las leyendas urbanas protagonizadas por él darían para un libro entero. Discrepo en lo de la reina, mira, porque me parece que ese papel de madre amantísima y sufridora es lo único que mantiene cohesionada a la Casa Real en este país. Además ten en cuenta que prácticamente ni conviven. Y no sé si estas personas son dignas de admiración, pero desde luego que a mí no me gustaría hacer lo que ellos hacen.

  3. Sofía inventó ese peinado ensaimada que todavía nadie ha osado a copiar, sólo por eso ya merece un lugar en la historia. Lo mejor de todo es la residencia de los horrores en la que hicieron vivir a Corina, esa siniestra parte de El Pardo acotada por los militares en la que deben estar enterrados todos los hijos bastardos abortados por las hembras taladradas por este Kurt Cobain de gatillo fácil matahermanos y degüella primos esquiadores. He soñado siempre con saltar esa valla junto a la presa del Manzanares, deberíamos ir allí en peregrinación a ver si los militares llevan de verdad cargadas las escopetas, que lo dudo.

  4. no cabe duda de que este pájaro ha sido una de las mejores escopetas de este pais, y no me refiero precisamente a las que disparan balas.

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