Marihuana, Aznar y moscas en mi prepucio

 

Intentaba mear pero una legión de moscas se arremolinaba en mi prepucio y me  lo impedía. Algo terrible. Así que el pis regresaba de una forma indescriptiblemente dolorosa de vuelta a la vejiga. Era como ácido que iba quemando mis venas. Mientras, Aznar me invitaba a fumar un poco de marihuana. Detrás nuestra, Rodrigo Rato se la ponía morcillona mirando el culo de un mandril. Ese había sido mi sueño. Me encantaría que alguna de esas intérpretes de sueños malfolladas me diera alguna respuesta. Aceitunas.

CC/James Vaughan
CC/James Vaughan

En la tele echaban ese programa que en cada emisión hablaba con alguna recua de gilipollas españoles que vivían en el extranjero. Gilipollas viajeros, creo que se llama. A todos les iba de maravilla porque eran guapos y emprendedores. Eran estupendos. Chicos de polo Lacoste y mansiones de un millón de dólares en el culo del mundo. Eran muy elocuentes cuando explicaban qué les había impulsado a largarse, además de la esquilmación de España: «Ya sabes, la emoción, la aventura, la oportunidad de follarte algunas negras a un precio razobable…» Eran geniales, aquellos bravos muchachos, votantes potenciales del PP, contándonos el pastón que ganaban cada día mientras se paseaban en vehículos de lujo. Sentaba genial ver aquello antes de cagar. Anchoas.

CC/James Vaughan
CC/James Vaughan

Me había llegado una invitación a uno de esos grupos de güasap. Mis excompañeros de octavo de EGB estaban organizando una cena. Qué bien, podríamos emborracharnos y comenzar a odiarnos. Así acabaríamos para siempre con el recuerdo indefinido de nuestra adolescencia. Habíamos vivido momentos grandiosos juntos, ¿o era solo nuestro cerebro sobrehormonado? A lo mejor no éramos muy diferentes de esos chavales que paseaban por ahí con los pantalones estilo cagado, componiendo sus rimas en voz alta. Muerte al hip-hop. Muerte al techno pop, como pregonaba Wendy O Williams. Espárragos. A freir espárragos, hijos de puta.

Imagen por defecto
Wilson Palleiro
Cree que todavía es posible cambiar el mundo. Como no tiene el valor suficiente para quemar cajeros o hacer escraches, escribe cosas.

Un comentario

  1. Pues una de las cámaras de Callejeros Viajeros me pone, la de los dientes separaos, así que haz el favor de no mezclar tus heces líquidas con el nombre del programa. Aprovecho para decir: PALLEIRO, MAMÓN.

Deja un comentario