Matones de barrio

Todo el mudo conoce a algún matón de barrio: esos seres malvados que amargan la vida a la gente en el colegio, instituto o por la calle. Los que hacen que te cambies de acera cuando te los cruzas en una noche oscura. Siempre metidos en problemas y llamando la atención de la gente. Acosados por la policía, son el terror de vecindario y la mayoría preferiría que se los tragase la tierra para no volver a verlos nunca.

Rafa era el pequeño de cuatro hermanos que vivían en el barrio de Monte Alto. Sus padres trabajaban mucho para mantener a la familia, así que no tenían mucho tiempo para atender a sus hijos y Rafa pasaba mucho tiempo en la calle. No se aplicaba mucho en el colegio y no llegó a terminar la EGB. Mi barrio durante los 80 estaba plagado de yonkis y, aunque en los 90 el consumo de heroína descendió notablemente, la delincuencia seguía siendo el pan de cada día. Había muchas pandillas de chavales que se dedicaban a traficar, robar, pelearse y a cometer actos de vandalismo y Rafa se movía por este ambiente como pez en el agua. Era una persona corpulenta; alto, cabezón y con unas manos enormes… metía miedo solo con verlo. Siempre andaba metido en problemas tanto en el barrio como fuera de él y parecía que no le tenía miedo a nada. Su nombre era conocido por toda la ciudad entre los macarras de barrio y pocos le plantaban cara porque Rafa peleando era invencible.

CC/Isidro Cea

Un día tuvo un problema con otro delincuente del barrio, Kike. No se por qué empezó la disputa pero Kike decidió ajustar cuentas con Rafa… así que cogió una tranca y fue a buscarlo. Se lo cruzó en plena calle cuando Rafa pasaba en un Vespino y no se lo pensó dos veces, se echó a la calle y le arreó un palazo que lo tiró de la moto. Mientras Rafa estaba en el suelo dolorido, Kike se acercó y siguió propinándole palazos sin parar. Todo parecía indicar que la pelea acabaría aquí pero Rafa era muy duro. Se levantó, consiguió quitarle el palo a Kike y le dió la vuelta al combate. Al final tuvo que meterse el hermano de Kike a separar a Rafa para detener la lucha. Rafa era invencible.

En otra ocasión el barrio de Monte Alto estaba en guerra con el barrio del Birloque. En varias ocasiones ambos bandos se desplazaron al barrio del otro para entablar combates en plena calle. Varios de estos combates salieron en el periódico porque eran muy escandalosos. En uno de ellos cogieron a Rafa por el medio, él no tenía nada que ver en el problema inicial pero se vio implicado por casualidad. Tres coches llegaron del Birloque llenos de gente armada con palos, barras de acero y pitones de motos y se encontraron con un grupo de los de Monte Alto en plena avenida de Hercules. Allí mismo empezaron el combate cortando el tráfico rodado para sorpresa del vecindario, que no daba crédito a lo que estaba viendo. Rafa rápidamente consiguió una tranca quitándosela a uno de sus ribales y empezó a palazos. Un grandullón del Birloque empezó también a trancazos con él. Me contaron que Rafa daba un palazo y recibía otro, uno tras otro hasta que su rival cayó al suelo inconsciente. Esa tarde hubo varios hospitalizados. Al día siguiente vi con mis propios ojos las brechas que tenía Rafa en la cabeza. Tenían entre 10 y 15 cm. y estaban llenas de grapas de metal. Todavía le bajaba sange por ellas.

CC/Ergosfera

Yo intentaba evitar a Rafa en la medida de lo posible. No le tenía miedo pero era malvado y si podía se aprovechaba de ti. En una ocasión estaba en la plaza de Monte Alto con mis amigos y apareció por allí. Yo saqué la Opinel número 9 para cortar un canuto y Rafa la vio y le gustó. Me la pidió. Me dijo que le hacía falta y que me la devolvería mañana. Accedí y me temí que me había quedado sin ella. Rafa era mayor que yo, más fuerte y mucho más personaje, así que solo podía esperar a que cumpliera con su palabra. Al día siguiente no me devolvió la navaja. Me dijo que la policía lo había registrado y se la había requisado. La verdad es que no me lo creí pero no pude hacer nada.

CC/Dani Chan León

Rafa acabó saliendo con una chica del barrio, Tamara, una choni barriobajera que lo llevó por el camino de la amargura. Empezó a fumar bases de heroína y más adelante a meterse por vena. Terminó dejándolo con Tamara no sin antes hacerle un hijo, pero siguió enganchado durante bastante tiempo. Al cabo de unos años Rafa había cambiado mucho. Ya no era el personaje malvado al que la gente temía. Más bien era un pobre diablo. Cuando me juntaba con los colegas en la plaza a fumar unos porros siempre aparecía para gorronear. Le pedía de fumar a todo el mundo con su garimba en la mano. Estaba siempre borracho, había engordado y ya no le daba miedo a nadie.

CC/Ergosfera

Una mañana quedé para ir a correr con mi primo. Mi primo vivía en el mismo edificio que yo así que subía a timbrarle a su puerta. Me abrió y me dijo «ahora bajo» y «quedé con Rafa». «¿Con Rafa?», me pregunté. No le di mucha importancia y bajé al portal. Según abrí la puerta del portal me lo encontré. Estaba vomitando sobre la alcantarilla. El vómito parecía zumo de naranja en su mayor parte y sobre la tapa de la alcantarilla había una pastilla. Una Trankimazín. «Casi la pierdo», me dijo, y se la volvió a comer. Salimos corriendo los tres y a los pocos metros Rafa dijo «vamos por Orillamar». No me parecía buena idea pero lo seguí. Llegamos entonces al parquecito que hay delante de la comisaría de la policía local. Allí estaba el camión de la Fundación Caixa Galicia y Rafa se puso a hacer cola para subir. Iba a por el chupito de metadona. Lo dejamos y continuamos corriendo.

Su vida transcurría sin pena ni gloria y lo único que hacía era vagabundear por el barrio y gorronear a la gente. Se juntó con una personaje de la zona que siempre andaba metida en problemas, la Jessy. Los veías a los dos por cualquier parte de la ciudad, todos puestos. A ella la acabaron metiendo en la cárcel, no se por qué, y terminaron casándose para poder tener bis a bis. Poco después también Rafa entró en prisión. Desde que salió a la calle ya no se deja ver tanto por el barrio. Es un flipe ver con el tiempo cómo cambia la vida de la gente. Un día eres el terror de la ciudad y crees que te comes el mundo y luego terminas siendo una calamidad y dando pena.

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Obelix
Obélix es el único habitante del irreductible poblado galo que no puede beber la poción mágica que les da una fuerza sobrehumana, ya que se cayó de pequeño a la marmita y los efectos de la poción son en él permanentes.

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