Nacida para correr(me)

CC/Luis Reina
CC/Luis Reina

De repente me enamoré. Él tenía la piel color chocolate y el pelo ensortijado y caracoleado, como todos los moros. Me lo presentaron un jueves por la tarde, un juernes cualquiera de copas y coca. Enseguida me quedé prendada de sus ojos tristes de Bin Laden, que me desnudaban a cada paso al mirarme con sus abrasadoras retinas. Hassan Travelsi se llamaba. Una amiga mía se lo había echado de novio en una fiesta universitaria y, a pesar de ser un puto musulmán, ella decía follaba como un ateo. Nada más que me vio se ofreció a llevarme a casa, no fuera que algún infiel me fornicara a hierro por el camino. El bulto en el pantalón le delataba; no era la pana, sino las venas de su polla las que marcaban aquellos surcos. Estratégicamente, primero dejó a su novia en su chalet de El Viso. Luego puso rumbo a mi ático de ramera en General Oráa.

– Latifah, no te lo folles, que te conozco… es mío –me gritó ella por la ventanilla mientras nos despedíamos-.
– No te preocupes, Susi, ya sabes que no me gustan estos putos moros, no bajan al pilón.
Él sonrió cómplice y pisó el acelerador dejando atrás a la pobre perra millonaria infiel.

Miento muy mal, ya lo sabéis, sobre todo a mis amigas. Él aparcó su porsche Cayenne en una plaza de minusválidos junto a mi portal, subimos a mi piso y me echó un polvo con comida de chocho incluida memorable. Servicio completo. Al terminar se encendió un porro que llevaba en una cajetilla de Winston y yo le invité a un par de rayas.

– Pensé que eras una zorra feminista, Latifah. Lo digo por la pinta de guarra liberada, no me interpretes mal.
– Y yo que tú eras otro moro maricón, pero ya veo que no… ¿eres bisexual como el profeta?
Jaja. ¿Y este pisazo de lujo quién lo paga? ¿Ese espejo en el techo es para ver cómo es tu coño desde el cielo, visión cenital de lo genital?
– No soy puta, Hassi, aunque lo parezca. Mis padres tienen dinero, y yo me dedico a gastarlo. Que les den.
– A mi me da igual lo que seas mientras te dejes follar por el culo de este modo.
– Repite eso y te amaré para siempre.

Amor a primera vista. Éramos tal para cual. Él tenía veintisiete años recién cumplidos, padres millonarios residentes en Benalmádena descendientes de una alta casta tunecina, y mujer, dos hijos y un yate en Hammamet. Yo no soy celosa si hay polla y dinero, como todas las mujeres. En Madrid Hassan estudiaba para piloto comercial, simplemente por joder a su padre, que quería que fuese médico, y porque, ¡¡qué coño!! siempre había soñado con estrellar un Boeing 747 contra un rascacielos. Era un soñador incasable y encantador. Y rezaba cero veces al día, sólo se arrodillaba frente a mi coño.

– Somos de una familia de chorizos, mi gente ha esquilmado sistemáticamente Túnez durante generaciones, Latifah. Mi padre es un hijoputa, como el tuyo. Me llevó de putas y chaperos cuando tenía once años y me casé con catorce. A los dieciséis pasé la ceremonia de iniciación de mi tribu junto a dos primos míos, fue muy traumático. Montaron una fiesta enorme en una mansión en Puerto Banús, contrataron para tocar en directo en ella a Amaral y a Dóver, y me presentaron a un montón de gente importante, estaban Celia Villalobos, Manuel Chaves, Artur Mas y Cándido Méndez, y también Matías Prats con su joven novio el piragüista olímpico gallego. En el sótano tenían presas a tres chicas jovencitas marroquíes que habían capturado en Nador. Nos dieron tres sopletes y tres machetes y tuvimos que follárnoslas y descuartizarlas, si no nos mataban ellos a nosotros. Lo grabaron todo en vídeo y guardaron las cintas en una caja fuerte.
– Pobre…
– Y me excité, Lafitah, lo confieso… Mientras nos las follábamos y les quemábamos el coño con los sopletes escuchábamos a lo lejos cantar a la zorra gorda de las hermanas Llanos, fue apocalíptico, deseé que nos trajeran a esa puta insoportable para matarla en vez de a las tres pobres infelices. Luego le dieron los cuerpos de las muertas a dos yonkis valencianos que las enterraron malamente en un pinar, pero como las chicas eran escoria nadie las buscó, de hecho sus padres estaban conformes con el asunto, las habían entregado por un buen precio, habían hecho una buena venta…. la Guardia Civil les echó la culpa a los yonquis, a uno lo mataron y dijeron que se había escapado a Brasil….
– Fóllame otra vez.

Me encantaba cuando me comía el coño, me rozaba el clítoris con esa barba en arco sobre la barbilla a lo Karim Benzemá que me hacía correrme hasta casi dejarle ciego con mi eyaculación femenina. Le encantaba poner la boca para tragarse todo el chorro cuando notaba que me iba a correr.

– Me encanta tu estética de profeta follador, Hassi.
– No blasfemes, cariño.
– No me jodas ahora con que eres religioso, si te he visto comiendo chorizo ibérico.
– Soy practicante, pero no creyente. Es difícil de explicar, Latifah. Me encantó ver cómo Mohamed Atta, que en gloria esté, estrellaba los aviones sobre Nueva York, me puso sumamente cachondo, pero no he sido bendecido con el don de creer en Alah. Y añado que fue una verdadera pena que lo de los trenes de Atocha no lo hiciéramos nosotros, que fuera ETA. Encima los muy hijos de puta nos echaron la culpa de todo para que no ganase Rajoy las elecciones. Qué cabrón, Zapatero. Ya nos hubiese gustado haberlo hecho a los musulmanes, que corriera la sangre. La policía se inventó toda aquella historia kafkiana y las lágrimas de puta cocodrila de Pilar Manjón hicieron el resto. Cuando se descubra que es una impostora agente del Mosad aquí va a arder Troya. Qué panda de gilipollas son los españoles, qué asco me dan, por eso me follo a todas las españolas que puedo.
– Te entiendo, yo sólo creo en el Dios de quien tenga billetes y en el de quien folle bien, Hassi. Tú tienes ambas cosas, así que eres mi Alah, pero no eres marica como el Dios que se inventó el puto Mahoma.
– Tu padre fue militar también en su juventud…
– Sí, para follarse a todo el cuartel.
– A nosotros nos adiestraron durante dos años en el desierto del sur de Túnez. Éramos la futura élite de nuestro ejército. Practicábamos tiro con blancos vivos. Compraban niños en el zoco y los soltaban por el desierto. Les dábamos cinco minutos de ventaja. Luego cogíamos las motos todo terreno y teníamos que encontrarlos, matarlos y traer su cabeza colgada en la parte de atrás del sillín. Así, cinco veces a la semana durante seis meses. Para licenciarnos como oficiales teníamos obligatoriamente que escoger por votación una aldea, quemarla y matar a todos sus habitantes. Luego traían excavadoras y hacían como que el pueblo no había existido, lo demolían y lo tapaban todo…
– Oficial y caballero follador eres, Hassi.
– Como proyecto de fin de servicio militar nos encargaron una misión conjunta con las tropas de élite de Marruecos, de Libia y de Argelia. Teníamos que ir raptando a todos los homosexuales que pillásemos en los cuatro países. Los servicios secretos construyeron un campo de concentración en el desierto argelino, en una zona preciosa pero inhóspita, y allí llevábamos a todos los putos sodomitas a los que capturábamos en los arrabales de las ciudades. Les hacíamos trabajar hasta morir dándoles de comer sólo pan hecho con serrín o carne en salazón hecha con los cadáveres de sus propios compañeros, y les hacíamos a elegir entre beber sólo un vaso de agua al día o sus propios orines sin límite. Fabricábamos lámparas con sus pieles y con los dientes de oro que les arrancábamos conseguimos unas cuantas toneladas de oro para fabricar grifos para las bañeras de nuestras casas. Hacíamos prácticas de tiro con ellos desde las torres de vigilancia, con rifles, ametralladoras e incluso con lanza granadas, mediante lo que conseguimos desarrollar una tremenda puntería. Probábamos también armamento pesado haciéndolo explotar sobre ellos en medio del desierto, o los aplastábamos con las orugas de los tanques. Los médicos de medio mundo acudían a nuestro campo a probar fármacos contra el sida o el cáncer con los putos maricas. Todas las noches empalábamos a alguno para dar ejemplo entre el resto, y crucificábamos a tres o cuatro riéndonos, decíamos “mira, Jesucristo y los ladrones”, mientras ellos lloraban de dolor desangrándose. El gobierno iraní envió como regalo al desierto argelino a diez mil homosexuales. Les hicimos cavar fosas, meterse dentro y con ametralladoras los fuimos fusilando, unos sobre otros…
– Fóllame otra vez Hassi. Te amo y siempre te amaré siempre, mi cruel y dulce moro comecoños.

Pasaron cuatro meses de felicidad y de follar plenos. Hassan me regaló un anillo de compromiso coronado con un diamante del tamaño de mi clítoris. De buenas a primeras, apareció un día en mi puerta con una maleta llena de chilabas y de pantalones de pinzas baratos sucios, y sudando como un pollo cuando tiene el pico metido por el culo. Habían detenido a sus padres y los habían extraditado a Túnez. Su puto país los había reclamado judicialmente por el robo de 132,7 millones de euros de las arcas públicas. La puta primavera árabe les había jodido bien. Todas sus cuentas corrientes estaban bloqueadas. A él lo habían echado de su chalet en la finca de Somosaguas y el pobre no tenía adónde ir. Lloraba desconsolado.

– Un amigo me va a dar trabajo en un locutorio, podemos seguir juntos, Lati, te amo.

Le pegué un portazo en toda su cara de asesino. Me hice una paja pensando en Bin Laden desnudo. Nacida para correrme. Born to run. General Oráa es como Thunder Road.

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Colaborador
Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.

2 comentarios

  1. Me ha gustado mucho la profundidad de la relación entre los personajes, y su personalidad marcada por los traumas que arrastran por tan dura vida… dan para una película de Todd Solondz. Pero sin duda lo que más me place es la reivindicación de la autoría por parte de ETA de los atentados del 11-M, algo que algún día se descubrirá y muchos quedarán como gilipollas…

  2. A mí lo que más me ha gustado de esta entrega de Lafitah es meter a Springsteen en el tinglado.

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