No reivindiquéis a Chuck Berry, gilipollas


No reivindiquéis a Chuck Berry, gilipollas

Ha muerto El viejo. Chuck Berry. Atracador de coches a punta de pistola y pionero del rock. Noventa años de clarividencia, la unión entre el pasado y el futuro. Noventa años de maridaje entre el rock y el roll, entre el vudú y el gospel. Más allá del blues, más atrás de los espirituales. La música del futuro. Ha muerto el rock and roll. No reivindiquéis a Chuck Berry, gilipollas. Hacednos el favor. Este año iba a sacar su primer disco de estudio desde 1979 bajo el elocuente nombre de Chuck. Vivió la discriminación racial y musical. Lo estafaron mil veces y por eso se volvió un mal bicho. Pedía la pasta por adelantado. Normal. Tocaba con músicos de alquiler sus grandes canciones. Era delicioso verlo cambiar los temas de repente, desquiciando a los mercenarios que tuvieron el privilegio de compartir escenario con él. No lloréis por él en vuestros feisbucs ni en vuestros tuiters ni en vuestras putas madres. Vosotros, asiduos de los festis indis guais que vais de entendidos. Vosotros, rockófobos bajo pieles de cordero que vais a los conciertos de Sidonie, Los Planetas y Vetusta Morla… ¡calláos! No nos vendáis la moto de que os importaba algo el viejo Chuck. Vosotros, destructores de belleza, carcasas vacías pero muy molonas con barbas hipster, piercings y tatuajes chulísimos… ¡¡cerrad la puta boca!! Chuck Berry en su puta vida supo lo que era un afinador. Cerrad vuestros regurgitadortes de opiniones prefabricadas, pijos de mierda. Cerrad vuestras cloacas de lugares comunes y postureo. Chuck Berry casi siempre tocaba desafinado. ¡Porque él era Chuck Berry, joder! Nunca olvidaremos esa foto en la que Chuck aparece desnudo con una chica apache de 14 años a la que se follaba, por lo que fue a la trena. Tampoco olvidaremos cuando instaló cámaras de vídeo en los cuartos de baño para mujeres de su restaurante. Nunca olvidaremos aquellas desquiciantes sesiones en el disco-película-homenaje que Keith Richards le tributó: Hail! Hail! Rock ‘n’ roll. Nunca olvidaremos cómo corregía al Stone para que ejecutara correctamente la entrada de Johnny B Good. Ni cómo le echaba la bronca al percatarse de que alguien había modificado su amplificador. Nadie tocaba los cojones a Chuck. Chuck Berry, visionario y genio olvidado por los gafapastas que ahora pretenden llorarlo.

Chuck- ¡Por qué hicieron eso! ¡No toques mi amplificador!

Keith- Lo hicieron porque no estaba grabando bien…

Chuck- ¿¡Qué!?

Keith- Porque así es cómo aparecerá en la película…

Chuck- ¡Si aparece en la película es porque así es cómo Chuck Berry lo toca! ¿Entiendes?

Keith- Pero tedrás que vivir con eso después. Ellos intentan arreglarlo…

Chuck- ¡He vivido sesenta años con esto!

Keith- Lo sé, pero seguirá ahí después de que estemos muertos.

Y ahí sigue su guitarra tan hermosamente afinada que incluso parece que desafina. Nunca te olvidaremos, Chuck. Seguiremos reivindicándote tras nuestras propias muertes. No particular place to go!

 

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