Tú saca pecho que algo queda

CC/Xiumeteo
CC/Xiumeteo

Me encanta el primer contacto. Pedidme una copa, acercaos a la barra… en diez segundos he puesto un adjetivo. Me veis, os veo: joderos, es lo que hay. Me encanta observaros y reírme de los que os lo merecéis. Hay un grupito que me hace mucha gracia. Llegáis con la americana entallada y el buche fuera, creyendo que sois unos grandes fuckers, conquistadores de pacotilla que os vais a tirar a la camarera. El físico marca, y a mí me ha tocado una cara por la que me siguen llamando neniña a mis casi 30 años. Una cara que os recuerda a esas pobres incautas a las que lían para dejarse follar en los vídeos porno que veis antes de haceros una paja. Primera metedura de pata: no os fiéis de la cara.

CC/Chema Concellon
CC/Chema Concellon

Los jóvenes se esfuerzan menos. Esos “ponme una caña, guapa”, “a qué hora sales”, “nos vemos en tal local”… A ver… que distingo muy bien cuando me cuentan mentiras. ¿Os creéis que después de trabajar como una negra me apetece aguantaros la vela en mi tiempo libre? ¿Sostener una conversación vacía en la que os esforzáis por quedar bien, en la que simuláis interesaros por mi persona con el único fin de echarme un polvo? Los mayores se lo trabajan más: su único recurso es dárselas de caballeros a la antigua. Suelen abrir la faena con un rosario de críticas al ligue contemporáneo y la falta de sensibilidad masculina en los tiempos del whatsapp, para terminar sugiriendo que ellos son el último amante que vale la pena sobre la faz de la tierra y que yo, joven inexperta que no ha visto tal cosa en su vida [ja-ja-ja] “debería abrirme a nuevas experiencias”. Os creéis el torero y queréis meter estoque, pensáis que soy una bestia irreflexiva a la que aturdir con capotazos y banderillas, traída al mundo y criada para una especie de deporte cruel. Serrallo para vuestros polvos. Pero en serio… ¿alguien se traga vuestras patrañas?

CC/Alberto Rincón garcía
CC/Alberto Rincón garcía

A mí no me ofende gustar, que intenten ligar conmigo. En absoluto. Los piropos no me molestan. Me molesta que me tomen por imbécil, porque ya lo han hecho demasiadas personas en mi vida y yo de imbécil no tengo un pelo. Así que dejaos de rollo gastado. Abrid la boca, hablad y si hay posibilidades la cosa saldrá más o menos sola. O seguid como hasta ahora, contando las mismas películas de español trasnochado, de Pajares posmoderno y cutre. Yo os seguiré el rollo porque no mandaros a la mierda entra dentro de mis funciones laborales.

El enamoramiento camarera-cliente tiene sus fases: primero me hacéis la pelota. Tras un tiempo de desgaste improductivo, os sentís burlados por mí (o por una especie de conjunto mítico-vengativo de todas las tías que han pasado de vosotros). Así que me hacéis pequeñas putadas, inventándoos que os he servido/cobrado mal y dando quejas a mi jefe. Jodiéndome en lo literario ya que no habéis podido hacerlo en lo literal. Esto, acompañado por resentidas miradas desde el otro lado de la barra. Gracias a Dios mi jefe ha visto mil mierdas como vosotros antes y no va a despedirme, porque le dejo las botellas como los chorros del oro y además quedo bonita en el local. Entre tanto yo no sé si reflexionar sobre la vileza humana o partirme el culo de risa. Y después llegan nuevos clientes y… con alguno vuelve a empezar el ciclo, y así ad infinitum. A ver si cambiáis el rollo.

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Bradamante Eugenia Crisostoma
Intérprete textual 24 horas, indígena vocacional, dormía contigo pero sólo me interesaba robar los libros que habías leído sin entender, revienta-congresos.

Un comentario

  1. Dice Wilson que trabajas en un top-less. Por favor pon foto.

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